| Soy residente responsable. ¡Puedo votar! |
Hace un frío de la puta. No hay otra manera de decirlo. Otra vez se rompió la calefacción y yo no tengo estufa (el split que me salvó durante el verano -gracias a que en este país la electricidad está subsidiada por el Estado, no como en Uruguay, que tener aire acondicionado es un lujo de ricos- es sólo de aire frío). Tampoco las hornallas sirven. Probé tenerlas encendidas una hora y lo único que logré fue mojar las paredes con la condensación. Eso: el frío, los pedazos de techo que me caen en la cabeza cuando voy al baño, la prepaga que aumenta 15 por ciento y dice que, como sabré entender, “la vida está muy cara (sic, ¡y encima me tutean!), y -cereza en la torta- el termotanque que se fundió o quién sabe qué, porque tampoco tengo agua caliente y no me puedo bañar. Ja ja Muchas cosas. Calamidades de la vida cotidiana a las que ya me fui acostumbrando y hasta con buen humor. De todo, lo peor siempre es matar arañas, cucarachas, hormigas. Matar en general.
Pero a pesar de todo: hoy es un gran día. Ayer, bah, fue ayer. Un super día. DNI argentino. D-N-I. ¡Por finnnn.! Estoy orgullosa . Incluso me dijeron que puedo votar en las elecciones del gobierno de la Ciudad (esta información tengo que confirmarla). Me reí el resto de la tarde recordando el periplo que fue conseguir los papeles y las cuatro horas en la “Antártida argentina” (realmente parecía la Antártida; hacía un frío de morirse y yo no había dormido casi nada, de los nervios, esperando al policía que tenía que tocarme el timbre a las 8am para darme mi certificado de domicilio. Me acuerdo que hice la cola durante una hora y cuando me tocó ir a la ventanilla, la mujer de migraciones me dio: “Al fin una que sonríe. ¿De qué te reís?” De nada. No me reía de nada). Fui a celebrar mi flamante DNI con un cognac invernal en el Varela Varelita y ninguna de las calamidades de la vida cotidiana logró sacarme de esa alegría.
Además, me salió un trabajo que va a salvarme la quincena (sí, ahora pienso en términos de “quincena”, pensar un día más allá, sería adelantarse demasiado). Dios aprieta pero no ahorca, queridos 65.
Lo mejor del fin de semana: ir con mi hermano al estadio (la cancha, como dicen acá), festejar en el obelisco, comer pizza en Güerrín con las banderas de Uru. Y el relato de Victor Hugo, ya convertido en un poeta del fútbol: “Uruguay, cuyo cerro más alto se llama 'Chato', se sube al Aconcagua y es dueño de América”. Ja ja. Y su infaltable mención: “Siempre es bueno tener un Diego en la cancha”. Alguien me dijo: “Felicitaciones, Uruguay fue el menos malo de la Copa”. Yo creo que ser el menos malo es, sintáctica y semánticamente, ser el mejor. Salú.
| Yo, mi ojo biónico y la cámara que encontré tirada en El Cuartito |