04/10/2011

Cotidiano III

En la semana en que no estuve algo cambió: el tomate pasó de 16 pesos el kilo a 19,50, después a 5,90 y ahora a 7,50. El tomate es algo así como una persona, como yo: suben y bajan sus acciones anímicas. Del precio del tomate me hablaba la novia o la hermana de mi verdulero, mientras me metía en la bolsa mandarinas secas.

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¿Por qué hay hormigas en el monitor de mi computadora? (Hormigas argentinas: diminutas, rápidas, excéntricas) Hormigas que comen champú y crema de peinar, que escuchan a Bach y patinan por los azulejos como si nadaran. Hormigas acuáticas. Hormigas sobrevivientes.  ¿Por qué hay hormigas en todas partes, menos en la alacena?

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Todavía aparecen pedazos de cosas rotas. Al mover una caja, al barrer en rincones inaccesibles: un pedazo de plástico de una caja de CD, como un triangulito de chocolate, esquirlas de la lámpara de vidrio, un botón del viejo portero eléctrico. Todavía hay pedazos, como si estuvieran adentro mío -una bala perdida y peligrosa-, de aquella época en que todo estaba roto.

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Sueño que voy en un micro lleno de mujeres.  A mitad de camino, unos seres  sobrenaturales nos interceptan en una combi. Están buscando a una mujer para casarla con el ser "máximo y central" de su civilización. Nos bajan a todas y nos ponen en fila en la banquina. En el horizonte se ve un remolino enorme, como un huracán apocalíptico, pero alguien me dice que es sólo una tormenta. La puerta de la camioneta se abre y vemos al jefe: repulsivo, una especie de hombre elefante, mezcla de extraterrestre y de retrasado mental, con una cabeza enorme y unas trompas o tubos flexibles que le salen de la cara como pústulas alargadas. La mujer que buscan debe tener una cabeza grande. Yo pienso que con el pelo suelto tal vez mi cabeza parezca de más volumen, y me lo ato en un moño. El malvado nos revisa una a una. Me mira y considera que mi cabeza es demasiado chica. Entonces largan a los perros. Los sueltan para que muerdan los pies de las mujeres y los despellejen. Sé que a mí no me morderán, porque mis empeines ya están despellejados.

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Cuando estoy triste me gusta comer pan de naranja, buscar los pedacitos de pulpa con la lengua. 

el agua me limpia